3 razones por las que ya deberías tener un servicio de control de horas en tu empresa

3 razones por las que ya deberías tener un servicio de control de horas en tu empresa

Si has llegado hasta aquí probablemente te interesan los servicios de control de horas. Si estás decidiendo si instalar uno o no, has llegado al sitio adecuado, porque voy a darte 3 razones por las que deberías considerar tener uno.

1. En algunos países es obligatorio por ley

Dependiendo de la ubicación en la que tengas establecida tu empresa, contar con un servicio de control de horas puede ser una opción interesante, o una obligación legal. En 2019 en España, por ejemplo, se modificó el artículo 34.9 del Estatuto de los Trabajadores a través del Real Decreto Ley 8/2019, del 8 de Marzo, “de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo”, y ahora la ley obliga a tener un sistema donde se registren las horas trabajadas.

El gobierno lo plantea como una medida a favor de los trabajadores y trabajadoras, que verían sus “horas extra” reconocidas, pero, como veremos en este artículo, se convierte mas en una herramienta de productividad par la empresa. Desarrollaremos esta idea en un momento.

Por ahora, simplemente aclarar que si tienes tu empresa en España, y cuentas con trabajadores por cuenta ajena… probablemente ya tienes algo así implantado en tu empresa… pero te pregunto: ¿Le estás sacando todo el jugo a esta oportunidad, o solamente lo tienes para “cubrir el expediente”? Sigue leyendo y descúbrelo.

2. “El ojo del amo engorda al caballo

El refranero popular está lleno de expresiones del tipo “El ojo del amo engorda al caballo” o “Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta”. No le falta razón, y la mayoría de los empleados se comportan de una manera “delante del jefe” y de otra muy distinta cuando no hay una supervision directa.

Estudios científicos refuerzan esta afirmación

Estudios como el de la Universidad de Newcastle en 2006 demuestran como un simple poster con ojos en la zona de descanso altera el comportamiento de los trabajadores, ya que, cuando se sienten “vigilados” son mas productivos y leales a la empresa.

La doctora Melissa Bateson, promotora de dicho estudio y bióloga especializada en comportamientos, afirmó en una entrevista del diario británico The Guardian, que existen ciertos indicios de que esta realidad responda a una respuesta biológica intrínseca. Concretamente:

Hay un argumento de que si nadie nos está mirando es de nuestro interés comportarnos de manera egoísta. Pero cuando pensamos que estamos siendo vigilados, deberíamos comportarnos mejor, para que la gente nos vea como cooperativos y se comporten de la misma manera con nosotros“.

Dra. Melissa Bateson, en declaraciones al diario The Guardian

Algunos casos reales

No puedo evitar recordar algunos casos que he visto en mi propia experiencia y que quizás te ayudan para evitar este tipo de situaciones en tu empresa.

La agencia de Barcelona

En el cartel “Trabajo por dinero, si quieres lealtad contrata a un perro“. La actitud que muchos trabajadores tienen hacia sus empresas.

A lo largo de los años, primero como freelancer y ahora con mi empresa en Estonia, he trabajado para muchas agencias digitales de dentro y fuera de España. Escribiendo este artículo, me ha venido a la mente el caso de una de ellas, con la que estuve colaborando algunos años.

Se trataba de una oficina con casi una decena de empleados que pertenecía a varios socios, pero éstos no estaban en la oficina, algunos de ellos simplemente habían aportado fondos a la empresa, y los que tenían responsabilidades “ejecutivas” no vivían allí y solamente iban “de visita” de vez en cuando. Al frente de las actividades del día a día había un gerente contratado muy aficionado al escaqueo. El gerente anterior no era así, pero le salió una mejor oportunidad laboral, se fue de la empresa, y al que habían contratado ahora era este.

Cuando uno de los socios visitaba la empresa, quedándose en la ciudad por unos días, todo funcionaba a la perfección. Los trabajos salían rapidísimos, la comunicación era increíble y el funcionamiento era ejemplar. El problema es que, nada mas salir ese hombre por la puerta… todo volvía a su estado natural: Correos importantes que no se contestaban hasta días mas tarde, llamabas a la oficina preguntando por alguien y ese alguien siempre estaba desayunando o había salido a fumar… (en el caso de que tuvieras suerte y te cogieran el teléfono) y los Viernes cerraban a media mañana… como dice el refrán “los ratones de fiesta”.

Era exagerado, y de hecho fue una de las razones por las que decidí distanciarme de ese cliente: sencillamente no se puede trabajar con quien no quiere trabajar. A los empleados les daba igual incluso perder a clientes importantes que llevaban tiempo con la agencia ¿Por qué? Porque total, todos cobraban igual, y si el propio gerente era el primero en escaquearse, y cobraba más que ellos, los demás seguían su ejemplo. La persona a la que si le importaba, que era el dueño, no estaba allí, y tampoco tenía un medio de controlar a los que si estaban.

El caso de la empresa de neumáticos

Algunas personas podrían considerarme lo que comúnmente se llama “workaholic”. Paso gran parte del día trabajando en cosas, no precisamente por necesidad, y cuando no lo estoy haciendo, probablemente ande pensando o hablando de trabajo. No vamos a entrar en este artículo en si eso es bueno o malo, pero si habrás notado en mi prosa que a las personas como yo nos rechina muchísimo la gente que se pone a “perder el tiempo” en lugar de estar trabajando.

Hace algunos años conocí a un tipo que trabajaba como contable en una importante empresa de construcción y al que le encantaba estar media mañana “desayunando”, hasta el punto de presumir de ello ya que para él era algo natural que le pagaran por desayunar. Con la caída de la burbuja inmobiliaria en España, esa empresa tuvo que reducir personal, y lógicamente este individuo fue de los primeros en desaparecer de la plantilla. Yo lo conocí algún tiempo mas tarde después de eso, como parte de un proyecto en el periodo en que estuve metido en actividades del tercer sector.

El caso es que tiempo después empezó a trabajar de administrativo en una empresa de neumáticos, y hablaba fatal de esa empresa. Al parecer tenía unas instalaciones súper modernas y un sistema de trabajo muy bien organizado donde cada persona conocía en cada momento sus tareas. Sin embargo, lo que a él le molestaba, y fue lo que llamó mi atención, es que en la empresa tenían (ya en aquella época, por 2012 más o menos) una serie de sistemas para “controlar” que la gente hiciera su trabajo.

No era simplemente un control de horas, sino cámaras por toda la empresa, mecanismos en las puertas para entrar y salir etc. Al menos, como lo describía él, aquello parecía el Pentágono. Probablemente no fuera para tanto, pero esa situación le producía un gran estrés ya que ahora la empresa sabía cuándo estaba trabajando y cuándo no, y hablaba de que era un control excesivo. Por lo que se, el tipo no duró mucho en esa empresa, no se quién terminó la relación con quien primero, porque no tuve mucho contacto con él después de esto.

3. No sale mas caro, por el contrario reduce costes

El caso es que la falta de control es casi tan mala como el control excesivo, pero el tener las herramientas necesarias te permite mejorar la productividad de tu empresa. Esto se debe a que puedes detectar dónde están las personas que no están haciendo lo que tienen que hacer. Una buena gestión de recursos humanos te puede permitir hablar con esas personas y ver qué pasa, entender por qué no están motivadas (de repente algún tipo de problema, como que no hay suficiente luz en el espacio de trabajo, las tareas no están claras… etc) o detectar si realmente no les importa nada y no deberían formar parte de tu empresa.

El tener un mecanismo de “control” no solo te da información, sino que a nivel psicológico es sugestivo de forma extrínseca como hemos visto en estudios como el de la dra. Bateson. El hecho de existir un control ya mejora la productividad. Eso lleva a plantearse aprovechar el que exista esta nueva norma en España para implantar un sistema que realmente te sume a los objetivos de tu empresa.

Ejemplos sencillos para ponerlo en práctica

Cuando alguien se plantea implantar un sistema de control de horas en su empresa, generalmente se echa las manos a la cabeza pensando que va a ser carísimo, habrá que meterse en obras, y en definitiva dará más problemas de los que resuelve. Nada mas lejos de la realidad.

Por ejemplo, existen casos como el modelo que ofrece TamTam, servicio de control de horas trabajadas, donde puedes tener un sistema súper completo de forma sencilla, transparente y rápida. En un sistema como este no hace falta instalación, y no hay costes de licencias ni “gastos sorpresa”. Simplemente se paga por el uso una cantidad ridícula, que ya conoces de antemano, y no solamente cumple con las obligaciones legales, sino que además te da la información que necesitas para tomar decisiones.

Claro, un gran poder requiere una gran responsabilidad. Muchas veces no se trata simplemente de echar a la gente que no trabaja, a veces basta con detectar qué personas no están dando lo suficiente por la empresa, y hablar con ellas para resolver las causas. Sobre este concepto hay un libro muy interesante, “El Fabricante de Helados”, que leí hace algún tiempo y que desarrolla muy bien estos conceptos de una forma en la que no puedo explayarme en este artículo.

Básicamente cuenta la historia de un mando en una fábrica de helados donde los trabajadores también juegan al escaqueo. En eso, descubre que un amigo suyo trabaja en un centro comercial donde todos los empleados se desviven por la empresa y están súper motivados, lo que lleva al fabricante de helados a aplicar una serie de medidas en su empresa que marcan la diferencia. Es muy entretenido de leer, y muy recomendable para profundizar en este tema.


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Oliver de la Rosa

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